Las películas de Wes Anderson están hechas para gente sensible y observadora. Y es que hay demasiados factores a los que prestar atención: sus particulares personajes (con esos repartos de infarto), sus personales diálogos, sus recurrentes escenas en vehículos, sus siempre potentes vestuarios... Pero si hay algo en lo que nos gusta centrarnos ante todo lo demás es su puesta en escena: detalles, detalles y más detalles. Quién no quiso acercarse a esa gran maqueta (hecha con piezas de Lego!) que se construyó del Gran Hotel Budapest para analizar cada ventana, cortina, cúpula, escalón, estatua y por supuesto aquel encantador funicular. Pues a partir del pasado 9 de mayo, vamos a tener la oportunidad de pasear por un decorado auténtico salido de la mano del genio Anderson.
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Bar Luce. Wes Anderson for Fondazione Prada
18 may 2015
Las películas de Wes Anderson están hechas para gente sensible y observadora. Y es que hay demasiados factores a los que prestar atención: sus particulares personajes (con esos repartos de infarto), sus personales diálogos, sus recurrentes escenas en vehículos, sus siempre potentes vestuarios... Pero si hay algo en lo que nos gusta centrarnos ante todo lo demás es su puesta en escena: detalles, detalles y más detalles. Quién no quiso acercarse a esa gran maqueta (hecha con piezas de Lego!) que se construyó del Gran Hotel Budapest para analizar cada ventana, cortina, cúpula, escalón, estatua y por supuesto aquel encantador funicular. Pues a partir del pasado 9 de mayo, vamos a tener la oportunidad de pasear por un decorado auténtico salido de la mano del genio Anderson.
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